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Por qué comer bien puede hacertre rendir mejor, y cómo aprovecharlo

Cuando pensamos en mejorar nuestro rendimiento, lo primero que suele venirnos a la mente es entrenar más y mejor. Sin embargo, hay un factor igual de decisivo que a menudo se pasa por alto: la nutrición.
La forma en la que comes antes, durante y después del entrenamiento influye en tu energía, tu fuerza, tu capacidad de recuperarte y en los resultados que obtienes a medio y largo plazo.

 

1. La gasolina del cuerpo: sin energía, no hay rendimiento

La mayor parte de la energía que usas al entrenar proviene del glucógeno, que es la “gasolina muscular” que se almacena a partir de los carbohidratos.
Si entrenas con reservas bajas, tu cuerpo entra en modo ahorro:

  • te fatigas antes,
  • la intensidad cae,
  • y el rendimiento disminuye aunque tengas buena técnica.

 

Por eso, incluir carbohidratos de calidad antes de entrenar (fruta, avena, pan integral, arroz, patata…) puede ser la diferencia entre un entrenamiento medio y un entrenamiento realmente efectivo.

 

2. La proteína: más fuerza, mejor recuperación

La proteína es el ladrillo con el que tu cuerpo repara y construye músculo.
Si no cubres tus necesidades diarias, puedes entrenar perfecto… pero avanzarás más lento.
Consumir proteína antes y después del entrenamiento ayuda a:

  • optimizar la síntesis muscular,
  • disminuir agujetas,
  • acelerar la recuperación,
  • reducir el riesgo de lesiones por fatiga acumulada.

 

No necesitas complicarte: yogur griego, huevos, tofu, legumbres, pescado o un sándwich de pavo funcionan perfectamente.

 

3. Micronutrientes: los “detalles invisibles” que lo cambian todo

Vitaminas y minerales como el hierro, magnesio, potasio y vitaminas del grupo B son esenciales para:

  • transportar oxígeno,
  • generar energía,
  • mantener la contracción muscular,
  • evitar calambres y bajones.

 

Si comes poca fruta, verdura y alimentos frescos, tu rendimiento puede verse limitado aunque entrenes bien. De ahí la importancia de un plato variado y colorido.

 

4. Timing nutricional: cuándo comes importa (pero más importa qué comes)

No se trata de obsesionarse con horarios, sino de tener una estrategia sencilla y efectiva:

  • Antes del entrenamiento → carbohidratos + algo de proteína (energía estable y saciedad).
  • Durante (si dura más de 60-75 min) → pequeñas fuentes de carbohidratos.
  • Después del entrenamiento → proteína + carbohidratos para recuperar y reparar.

 

Aplicar estos principios mejora el rendimiento y hace que cada sesión cuente más.

 

5. La dieta y tu cerebro: el lado oculto del rendimiento

Rendimiento no solo es fuerza: también es concentración, motivación y capacidad de tomar buenas decisiones técnicas.
Hay alimentos que influyen directamente en tu estado mental:

  • grasas saludables (como el aceite de oliva o aguacate),
  • carbohidratos complejos,
  • proteínas de calidad,
  • antioxidantes.

 

Una buena alimentación mejora el enfoque, reduce la sensación de fatiga mental y te ayuda a mantener la calidad del entrenamiento hasta el último minuto.

 

6. El beneficio real: progresar más rápido y con menos lesiones

Una nutrición adecuada no solo te hace rendir mejor hoy:

  • reduce inflamación,
  • mejora la recuperación entre sesiones,
  • fortalece tendones y tejidos,
  • mantiene estable tu energía,
  • permite entrenar con más intensidad sin agotarte.

 

En resumen: comer bien es una herramienta de progreso tan potente como el mejor plan de entrenamiento.